lunes, 30 de agosto de 2010

las tardes de mi infancia

Bueno, mi madre me aclaró como se hacían, con pelos y señales, en mi mente me los imaginaba, pensaba como era, hasta creo que pasaban dibujos por mi mente, al día siguiente a mi vecina no la ví, y pues la verdad no la ví por casi un mes, es que cuando jugábamos era en mi casa así que no salía, salvo que nos escapemos para ir a la chacra, y como no la ví solo esperaba a que llegue alguien a jugar conmigo. Pues quedaba mi vecino sus primos, y las otras vecinas, -pronto las curiosidades pasarían barreras- y lo veía bonito a mi vecinito, y como con el había confianza pues nos fuimos al patio de casa, y nos pusimos a jugar detrás de un árbol que teníamos (mentira yo le dije para jugar ahí),y se volvió en un sitio especial, el árbol era todo, un cohete, un camión, un barco pirata, todo.  una vez ahí, jugando no sé que me dio que le baje el short y se le bajo con toda truza, pude ver su nalguita blanca muy rica, paradita como el de todos los niños, comencé a sobarle, él solo me veía, no sabía que hacía, no sabía que juego era, pronto entendería o lo haría por imitarme no lo sé y comenzó a sobarme también, recuerdo que ví su cara, era de curiosidad, de querer saber a que jugábamos, yo en cambio me ponía a pensar en que más podríamos hacer, así fue durante un par de semanas solo nos tocábamos detrás de ese árbol, si el árbol hablara, fiel testigo de esas tardes contaría los pormenores de lo sucedido. Sin duda esas tardes fogosas hubieran seguido más tiempo de no ser por que mi papá nos encontró, nos estuvo viendo por la ventana todo lo que hacía y no dijo nada hasta que se fue mi vecino, llegó mi mamá y le contó con lujo y detalle lo que había visto (creo que ni el árbol lo hubiese contado mejor), así que tuve que idearme algo para salir y hacer cosillas en otro lado, esos juegos me llamaban mucho la atención, no salí por una semana, y yo ya no quería salir más, hasta que vino a verme mi vecinita, no sé cuando llegó, a donde se fue, pero nos fuimos para su casa y ahí estaba el vecinito, tenía a los dos, pero él se me había adelantado, ya le había enseñado el nuevo juego a la vecina, y ya le había gustado, estuvimos los tres, cada día era una posición diferente, hacíamos cada cosa, me acuerdo que ese día llegué a sentir un orgasmo (pero sin eyaculación) sentí que llegaba a la luna, era una sensación indescriptible, que ahora la siento con más ganas, pero sin duda la primera vez no se olvida,, fue en una tarde de aquellas, que luego de los manoseas pasamos a algo más, él por lo visto ya lo había hecho por lo menos una vez, y me tocó a mi, ella seguía echada, niños aún, pues hacia los movimientos que hasta ahora hago (pero mejor claro), sentí su vaginita, tierna, una vagina que no volveré a ver (bueno si la ví pero no me llama la atención) en una joven, esas vaginas tiernas ya no hay, ahora hay vaginas feas, usadas, muy usadas, que no me gustan (o será por que me gustan los chicos), esa tarde no pasó ni 3 minutos que sentí que no podía seguir, se me fueron totalmente las fuerzas, estaba en las nubes, encima de ella, luego me acordé el como se hacen los hijos y me preocupé, pensé que iba a quedar embarazada, después de un tiempo le pregunté a mi mamá, si se embarazaban con solo meter el pene en la vagina y me dijo que no, que todavía el niño cuando se vuelve hombre, bota semen que es lo que embaraza, suspiré de alivio sin que se diera cuenta. ya luego crecería entré al jardín y las cosas cambiaron un poco, ya no los veía diario, sino 3 o 4 veces por semana, ahora ya ni los veo, pero es bonito recordar, poco a poco seguiré poniendo a detalle lo que hacíamos o cuando venia el vecinito con su hermano y su primo. 


Sin duda mi infancia, no fue muy inocente que digamos, pero no me arrepiento de nada!

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